viernes, 19 de diciembre de 2008

"Cuando empezamos, en Uruguay ninguna banda vivía del rock" (Revista Pronto)

Emiliano Branciari, líder de No Te Va Gustar.

Que una banda de rock uruguaya conquiste al público argentino, realmente resulta novedoso. No Te Va Gustar es el primer conjunto nacido del otro lado del charco que se convirtió en un referente para los adolescentes de la actual generación local. Pero primero hicieron lo suyo en su país: desde 1994 recorrieron ciudad tras ciudad, pueblo tras pueblo, hasta trasformarse en profetas en su tierra. Giras, premios y escenarios compartidos con grupos como Paralamas, La Renga y Los Pericos fueron fundamentales para que su música se expandiera y se hiciera oír en el under porteño. Luego de giras interminables y de excelentes álbumes, tales como Todo es tan inflamable (2006) y Tan (2007), por fin llegaron al ansiado y consagratorio Obras. Hace poco salió a la calle El camino más largo, su nuevo disco, al que presentaron en un estadio repleto en La Plata, cuyas entradas se agotaron en pocos días. Antes de encarar su gira por la Argentina, Emiliano Branciari, cantante, guitarrista y mentor del conjunto, conversó con Pronto en el patio de un bar de Palermo.

En la letra de El camino, critican el individualismo y le piden perdón a la sociedad por no dejarse llevar por la corriente. ¿Cómo surgió?
Es el reflejo de lo que vemos en lo cotidiano. Vamos por la vida con respeto, sin pisarle la cabeza a nadie. Todo el tiempo notamos un salvajismo por conseguir la zanahoria. Eso es lo que hoy te inculcan. Y no es lo que mamamos de chicos. Mi generación no fue criada así. Hoy te transmiten miedos y te hacen creer que los sueños no sirven para nada. Yo creo que no venderse consiste en no tomar atajos para llegar. Nosotros tuvimos posibilidades de haber llegado más rápido, porque para ser conocido hay miles de formas. Hay necesidad de ser famoso cuanto antes, aunque sea por un ratito. Nosotros preferimos tomarnos más tiempo.

¿Tardaron mucho en grabar?
Pasaron 5 años hasta que sacamos nuestro primer disco. Nunca fuimos a tocar a la tele porque no nos interesa hacer que cantamos con un disco de fondo. Producimos nuestro disco y lo licenciamos a diferentes sellos para que lo distribuyan. Es más, ningún sello sabe cuanto invertimos y nos salió cada disco. Decidimos cuándo queremos grabar. No estamos atados a nadie. En un momento estuvimos en una multinacional, pero después volvimos a la independencia, para grabar más libres. Igualmente nos sirvió: en esa época hicimos contactos que hoy nos permiten salir del país.

¿Cómo fue la experiencia de haber contado con Cucho, de los auténticos decadentes, y el ex Sumo Alejandro Sokol en el disco?
Es gente a la que admiramos. Lo llamamos a Ale, quien conocía a la banda, y se lo propusimos. Nos matábamos de risa porque es muy simpático y buena onda. Quedó buenísima su participación. Con Cucho nos comunicamos por mail, después combinamos y vino a grabar. Con Sokol hasta jugamos al tenis. Ellos tienen carreras más largas que las nuestras. Les pedimos consejos y charlamos bastante. A nosotros el rock de acá nos marcó a fuego. Pensá que a veces cruzaba el río para no perderme conciertos. En 1994 vine a ver Divididos a Vélez y después seguí a Los Redondos a Tandil y a Mar del Plata. Fue muy importante para mi haber tenido el gusto de conocer a mis referentes, tales como Skay, Diego Arnedo, Tito Fargo. Esas son las cosas lindas que me dio la música.

¿Qué recuerdos conservas de los primeros shows en Montevideo?
Empezamos a tocar a los 16. Mientras estudiábamos, tocábamos para nuestras familias y amigos. Y cuando se sumó gente que no conocíamos, empezamos a tocar en pubs. Hicimos de todo para subsistir y apostar al proyecto: desde guardavidas en La Pedrera, trabajamos en electrónica, dimos clases de música. La familia apoyó pero no lo vio como algo serio. Porque en Uruguay no había ningún grupo de rock que viviera de la música. Por suerte se nos dio. Después invertimos mucho viniendo a la Argentina, aunque nos alojamos en hoteles no muy lindos que digamos y nos la pasábamos cargando los equipos sobre nuestros lomos.

¿De primera se sintieron bien recibidos?
Siempre: el boca en boca hizo efecto rápidamente. Y compartir escenario con otras bandas under ayudó bastante. Recuerdo cuando me di cuenta de que algo estaba pasando. Fue en un show en Cemento, en el 2004. “Acá algo está pasando. Es mucha la gente que vino y no estamos en Uruguay”, pensé. Pero no podía analizarlo.

¿El público uruguayo es tan fanático como el argentino?
Sí, aunque allá no existe la imagen de la estrella de rock, eso de que sos intocable. Allá el músico va a cualquier lado y se encuentra con la gente, no tiene tanto pudor como acá. Por lo general, la fama atrae alas mujeres.

¿Cómo manejan ese tema teniendo en cuenta que en su público predominan las chicas?
Lo que pasa es que nosotros ya no somos tan chicos. La mayoría ronda los 30. Tengo compañeros solteros que pueden divertirse, pero otros estamos en pareja. Desde nuestros inicios se nos acercan chicas y chicos a saludarnos, muchos de ellos adolescentes. Pero te repito lo de antes: en Uruguay no existe el divismo que hay acá.

Ustedes son amigos de Jaime Roos y Rubén Rada. ¿Qué opinan de su pelea, que se hizo pública?
Jaime Roos y Rubén Rada son nuestros referentes. A ellos les gusta la banda. Rada colaboró en el disco anterior. Con Jaime estuvimos en conciertos y camarines. Con ellos no nos juntamos fuera del ambiente porque somos de otra generación. Pero sabemos que tienen diferencias y creemos que eso no le hace bien a la música uruguaya.

¿Cómo vivieron el conflicto entre ambos países por la instalación de la fábrica pastera en Fray Bentos?
Todos tenían razón. Porque si leías el diario en Montevideo o escuchabas a algún político, sus razones eran válidas. Y si cruzas a La Argentina, también es válida la postura de la gente. Lo que pesa mucho es el manejo de la información que plantean los medios. Fijate que de cada lado mucha gente repite cosas sin saber, negándole razones al otro. Cada uno lleva la balanza para donde le conviene.
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